4 Razones por las que nunca le debes gritar a tus hijos

Perder el control es muy sencillo, sin embargo, debemos pensar que si se trasforma en una práctica habitual frente a nuestros hijos puede resultar en una experiencia de graves consecuencias. Aquí te decimos por qué:

  1. Los gritos generan señales de alarma y estrés: Si forzamos los receptores auditivos y decoramos el escenario con un lenguaje audiovisual airado solo estamos creando personas que fácilmente pueden desarrollar problemas de estrés y miedo.
  2. Al gritar evitamos un proceso de reflexión: ¿Quién puede reflexionar adecuadamente y pensar cuando tiene miedo, o siente que están enfadados con él? Simplemente es imposible y el proceso de introspección queda anulado. Hasta aquí podemos darnos cuenta de que un mensaje positivo o que pretenda eliminar una mala conducta nunca llegará correctamente.
  3. Padres que gritan, hijos que gritan: ¡Exacto! Si nuestros padres gritan para demostrar desacuerdo, ¿por qué nosotros no lo haremos? Recuerda que el ejemplo es súper importante. Además, hay veces que nuestros hijos aprenden a gritar también a sus pares y hasta a sus mayores. Esta es una clara conducta que debemos evitar a toda costa.
  4. Cuando gritamos, atentamos contra la autoestima: Si todo el día pasamos gritando a un niño, ¿cómo podrá sentirse valorado e importante?, peor aún, ¿cómo sabrá que es una persona con muchas capacidades y potencial si todo el tiempo está siendo disminuido? Los gritos son una clara muestra de excesiva fuerza que es innecesaria. El niño que vive un día a día entre gritos terminará entendiendo que todo su ser es pequeñito.